
En un terreno de 10 metros de frente por 37 de fondo, Casa 52 propone una reinterpretación de la vivienda entre medianeras al romper con la lógica tradicional de acceso y organización espacial. En lugar de un ingreso inmediato al interior, la casa recibe con una terraza a doble altura que funciona como umbral y antesala, diluyendo los límites entre exterior e interior desde el primer momento.
El proyecto se articula a partir de un patio central contemporáneo que actúa como corazón y pulmón de la vivienda. Este vacío no solo organiza el programa, sino que concentra la vida cotidiana: los espacios sociales convergen hacia él y, mediante cancelerías corredizas, se integran completamente para formar un gran espacio continuo, flexible y abierto. La relación entre arquitectura y vegetación se vuelve esencial, generando una atmósfera luminosa, fresca y dinámica.
En planta alta, las habitaciones adoptan una configuración más contenida, manteniendo una conexión visual controlada hacia el patio. Como gesto distintivo, una sala de música se independiza del resto de la casa mediante una escalera exterior, permitiendo su uso sin interferir con la vida privada, una decisión que suma funcionalidad y carácter al proyecto.
La propuesta destaca por la claridad de su concepto: el vacío como elemento articulador total. La secuencia espacial —de lo contenido a lo abierto— está cuidadosamente lograda, y el manejo de la doble altura amplifica la percepción del espacio dentro de un terreno estrecho. Elementos como celosías y filtros refuerzan la privacidad sin sacrificar ventilación ni iluminación natural.
Casa 52 es, en esencia, una vivienda que construye su arquitectura a partir del vacío, donde los límites se diluyen y la vida se organiza en torno a un espacio central que respira, conecta y define la experiencia habitable.








